domingo, 2 de noviembre de 2008

BOTIJO NO SE F.I.A. DEL TIMO

Estoy caliente.

Pero no en ese sentido...

Tranquilas señoras.

La carrera del último gran premio de F1 la han corrido 22 coches con propulsión a gasolina y dos espectadores, Bizarro y servidor, con propulsión a orujo. Mientras los 22 bugatis iban con cambio automático, el nuestro era manual y palillero en boca. Los profesionales estaban en Sao Paulo; por contra, servidores dispusimos el paddock en el castizo barrio de Las Letras (Huertas), zona de copas mundialmente conocida del Madrí más castizo.

En la primera curva, uno, que no soy yo, ya pedía sangre: "mátalo, mátalo...", cada vez que Hamilton se acercaba a un viraje. El caso es que lejos de mirarnos como a salvajes, el resto de la parroquia animaba lo suyo en vista de los gritos vikingos, y el bar super-cool de montaditos con pan suizo y salsas impronunciables trocó, en espíritu sólo ya que la decoración quedo desgraciadamente indemne, en un remedo de tasca en las mejores tardes antañosas televisadas en blanco y negro del maestro "El Cordobés".

Todos iban con nadie y todos iban contra uno: Hamilton, Lewis Hamilton. El hijo de la Gran Bretaña.

Más tarde y por razones que no vienen a cuento -una visita inesperada que esperaba bajo el portal de mi casa-, tuve que abandonar el tunel del tiempo que habíamos creado con nuestra ciega pasión automovilística. Me fastidió, pero dejé a Hamilton en una quinta plaza que prometía cierta emoción en las siguientes vueltas.

En cuanto llegué a casa, despaché a las visitas unos buñuelos típicos de Todos Los Santos (definitivamente Halloween el próximo año) y unos cafés con leche fría, sin otra opción, por no perder tiempo en calentarla, y me puse a ver la carrera mientras mi pequeña escalaba por mi hombro, agarrándose a mi cabello y mordiendo mi oreja, intentando calmar a medias su temprana hambre depredadora. No cambié de gesto, sólo me concentré en intentar oir las sabias palabras del calvo de Telecinco (misión imposible) mientras le dejaba un mordedor a la pequeña, tras calibrar como excesivo el tamaño de mi oreja totalmente colorada -qué bonita la pequeña, no me digan-.

A falta de dos vuelta vi, como todos, el adelantamiento de Vettel a Hamilton con la inestimable ayuda de Kubica, y durante esas vueltas, en casa seguimos con apasionado interés cada una de las vueltas en las que el británico se iba quedando inexorablemente atrás. ¡Qué alegría!

Así, cuando se cruzó la línea de meta estabamos en casa como en el motor-home de Ferrari, todos abrazados y los buñuelos saltando por los aires mientras la pequeña la emprendía sin miramientos contra la llave del buzón de casa; y como todos, al poco nos quedamos de piedra cuando vimos que Hamilton pasaba ¡quinto! y no sexto por haber pasado al alemán Timo Glock como si de un vulgar doblado se tratase.

Resultado: Hamilton ganaba el campeonato del mundo por un mísero punto.

Me quedo para mis "imagenes de una vida", el abrazo del flamante hijo a papa Hamilton, mientras la estupenda y espectacular novia del piloto, calada bajo la lluvia tropical del circuito brasileño esperaba turno -nada mal le sentaba la lluvia dicho sea de paso y con el máximo respeto-.

Insisto: creo que este chico no tiene claras sus prioridades.

Pero bien, no nos turbemos más.

Volviendo a la carrera, los especialistas dicen que como el bueno de Timo no cambió de neumáticos, Hamilton y Vettel le sacaron un montón de segundos (6 en la línea de meta) durante la última vuelta, y que por eso nos aguó a todos la fiesta, ni más ni menos que por eso: una cuestión de gomas (hecho éste que tantas fiestas ha aguado incluso en otros escenarios, no nos engañemos).

A lo que voy: Yo no me fío.

Este Timo cometió no pocos errores desde el inicio e hizo una carrera de lo más irregular. Y con ese nombre, vosotros me diréis... como para fiarse estamos.

Desde aquí levanto la liebre. A la espera de que la redacción de investigación de EL MUNDO recoja el guante... Y liebres más difíciles e imposibles han lidiado en este medio.

Avisados quedan.



9 comentarios:

Juan Luis Sánchez dijo...

Veo que como comentarista deportivo vas imparable a toda velocidad. Acabas de hacer el sprint definitivo con este comentario que iba a buen ritmo, a 300 kilómetros por hora por lo menos.

Hasta las curvas las has cogido a toda velocidad. Como sigas así, el año que viene el Botijo de Oro volverá a ser tuyo.

Un abrazo, tío.

botijo de oro dijo...

Bueno, ya sabes entre pilotos no nos pisamos los volantes... :))

botijo de oro dijo...

Bueno, ya sabes entre pilotos no nos pisamos los volantes... :))

geminisdespechada dijo...

F.I.A??? No sabía que el alemán se llamaba timo.. Si es que no hay derecho, ya ni disimulan!

Mi vida en 20 kg. dijo...

Yo de esto (para variar) ni idea, pero te dejo un saludo en medio de mi mudanza.
Besos

botijo de oro dijo...

Geminis - Federación Internacional de Automovilismo. Un poco más y se llaman la C.I.A. o... ¡¡la T.I.A.! de nuestros queridos Mortadelo y Filemón.

Mivida - que es esta vida si no una constante mudanza... :)) Ánimo, que yo acabo de pasar una y es una paliza :)

bizarro con interrupciones dijo...

Pues para mi sorpresa y a pesar del final, me lo pasé genial con la carrera, todo es tal cual Botijo lo cuenta.

Yo estoy inmensamente agradecido a Hamilton por su infeliz aparición: me divierte mucho más ver una competición deseando que el archivillano pierda (así voy 21 corredores contra uno) que con un teórico heroe que además es un aburrío (Alonso es muy bueno pero es un soso y me aburre ganar siempre)

Así que lo dicho, gran campeonato a pesar de todo (y Brasil 2007 sigue siendo mi carrera favorita de la historia, aunque está a pesar del "Timo" tampoco estuvo mal...esos orujos... :-)

Maravillosa la cobertura de "Vicisitud y Sordidez" (http://vicisitudysordidez.blogspot.com/)de toda la competición y en general de toda la formula 1.

geminisdespechada dijo...

yo estaba pensando en la TIA efectivamente, jeje

botijo de oro dijo...

Bizarro - totalmente de acuerdo en todo.
Geminis - y yo, y yo... :))