domingo, 9 de noviembre de 2008

EL INDIANA JONES DE LA CONSERVACIÓN: UN BIOBIZARRO


A mi me gustaría ser como estos señores: tener una fijación desde la infancia, una habilidad especial y saber desde el principio que quiero cultivarla.

Nuestro de hueco de hoy es para el gran Russell Mittermeier, definido por la prensa yankee como "el Indiana Jones de la conservación". Este biologo excpecional, que se ha pateado las selvas del mundo entero, ha catalogado especies sin cuento, y es un voraz descubridor del mundo natural, es por encima de todo, un luchador por la conservación de la biodiversidad y al mismo tiempo, y eso es lo que más me sorprende, un optimista sin par.

Y eso es lo que más me ha gustado.

Presidente de Conservation International, una de las mayores ONG del campo de la conservación de especies animales, es también el responsable de la creación de la Lista Roja -especies en peligro de extinción. Fue un juego personal empezado con otros compañeros , y desde entonces se ha ido mejorando, ampliando y mejorando. Y hoy es una especie de biblia de los conservacionistas.

Pero tal vez lo más significativo de Mittermeier, y lo que supone parte de su magnetismo personal, es que enfrentado a tan estresante tarea -teniendo en cuenta la deriva actual de nuestro respeto a la Naturaleza de la que somos parte- este señor, en lugar de ser un pesimista o un deprimido, por lo contrario, es de un optimismo contagioso que desborda. Su tarea no es fácil, no, pero el cuenta como su lucha sale triunfante, como las especies consiguen evitar la extinción y como según él - y digamoslo aquí, gracias a gente como él- el balance del siglo XX no es el de la gran extinción de seres animales, sino de de la detección de los casos en peligro, la actuación, y la conservación. Según él, el siglo XX, ha conseguido salvar miles de especies de la extinción.

Que lo diga alguien como él, da que pensar, y proporciona optimismo, que duda cabe.

Los datos biográficos sorprendentes no acaban aquí: es un admirador de Surinam (país bizarro dónde los haya, al que hace 6 meses estuve a punto de dedicarle un artículo), es un ídolo en los USA, y lo mejor de todo, ha criado unos hijos que siguen devotos a la misma tarea que el ha desarrollado (aunque con diferencias, el es primatólogo -experto en primates- pero en cambio sus hijos, que empezaron en lo mismo con él, han derivado a la ornitología -el estudio de aves.

Dice cosas tan bonitas como que su hijo ha tenido la suerte de pode observar al 99% por cierto de las aves del mundo en libertad. Y que le envidia.

Es gracioso cuando habla de sus hijos. Dice que se orientan en la selva mucho mejor que él "Tienen un instinto para ello" (a pesar de que él no ha hecho otra cosa que patear selvas toda su vida) Tiene una excusa para eso : "Es que ellos tienen ventaja, empezaron jovenes" (el empezó a los 17 -y tiene 58 años- pero es que todo se explica: a los niños se los llevaba ya de bebés por la selva con él y todo)

Una última curiosidad: el apodo del "Indiana Jones de la conservación" le viene que ni pintado. Uno de sus admiradores -y financiadores- es Harrison Ford. "Lleva decadas dandonos un millón de dólares al año para financiar nuestros proyectos". Al final, todo queda en casa.

OBAMA, UN PRESIDENTE BIZARRO


Pues sí: esta mal, que lo digamos, porque parece que nos subimos a la moda. Pero es que lo es.

Obama es precisamente lo que siempre queremos defender en esta web: la rareza, la audacia, la bio-homodiversidad.

Lo bueno de escribir un artículo sobre él es que no tengo que dar datos porque ya todos los conocemos: la mezcla de razas, la mezcla de orígenes, y el carácter ambiguo de su primera presidencia afroamericana de los Estados Unidos. Rareza y valentía. Y si salen triunfantes, mejor.

El que esto les escribe, con la misma sorpresa e ilusión que todos ustedes, puede presumir que al principio de la campaña estaba en contra de Barack Hussein Obama. ¿Presumir? Sí, me gusta presumir de que vivo en un mundo más listo que yo, en el que otros se dan cuenta antes de mi de las oportunidades y de que gracias a eso me brinden un mundo más diverso, rico e interesante de lo que yo me hubiera podido brindar a mi mismo.

Yo era pro-Hillary (esa mujer que quiso brindar a todos los americanos la cobertura médica bajo su mandato, ya sólo por eso tenía mi afecto). Ella, que hubiera sido la primera mujer presidente de los Estados Unidos de América, ya sólo por eso hubiera sido también una bizarra.

Como Benazir Bhutto, la Bachelet, la Angela Merkel y tantas otras que por encima de la ideología rompieron la átmosfera irrespirable y tóxica de un mundo gobernado sólo por varones. Ya sólo por eso, Muchas Gracias.

Entretanto, agradezcamosle todos a Obama la suerte de vivir un sueño del que aún no nos podemos despertar. Aunque luego no lo haga bien, él ya ha triunfado.

domingo, 2 de noviembre de 2008

BOTIJO NO SE F.I.A. DEL TIMO

Estoy caliente.

Pero no en ese sentido...

Tranquilas señoras.

La carrera del último gran premio de F1 la han corrido 22 coches con propulsión a gasolina y dos espectadores, Bizarro y servidor, con propulsión a orujo. Mientras los 22 bugatis iban con cambio automático, el nuestro era manual y palillero en boca. Los profesionales estaban en Sao Paulo; por contra, servidores dispusimos el paddock en el castizo barrio de Las Letras (Huertas), zona de copas mundialmente conocida del Madrí más castizo.

En la primera curva, uno, que no soy yo, ya pedía sangre: "mátalo, mátalo...", cada vez que Hamilton se acercaba a un viraje. El caso es que lejos de mirarnos como a salvajes, el resto de la parroquia animaba lo suyo en vista de los gritos vikingos, y el bar super-cool de montaditos con pan suizo y salsas impronunciables trocó, en espíritu sólo ya que la decoración quedo desgraciadamente indemne, en un remedo de tasca en las mejores tardes antañosas televisadas en blanco y negro del maestro "El Cordobés".

Todos iban con nadie y todos iban contra uno: Hamilton, Lewis Hamilton. El hijo de la Gran Bretaña.

Más tarde y por razones que no vienen a cuento -una visita inesperada que esperaba bajo el portal de mi casa-, tuve que abandonar el tunel del tiempo que habíamos creado con nuestra ciega pasión automovilística. Me fastidió, pero dejé a Hamilton en una quinta plaza que prometía cierta emoción en las siguientes vueltas.

En cuanto llegué a casa, despaché a las visitas unos buñuelos típicos de Todos Los Santos (definitivamente Halloween el próximo año) y unos cafés con leche fría, sin otra opción, por no perder tiempo en calentarla, y me puse a ver la carrera mientras mi pequeña escalaba por mi hombro, agarrándose a mi cabello y mordiendo mi oreja, intentando calmar a medias su temprana hambre depredadora. No cambié de gesto, sólo me concentré en intentar oir las sabias palabras del calvo de Telecinco (misión imposible) mientras le dejaba un mordedor a la pequeña, tras calibrar como excesivo el tamaño de mi oreja totalmente colorada -qué bonita la pequeña, no me digan-.

A falta de dos vuelta vi, como todos, el adelantamiento de Vettel a Hamilton con la inestimable ayuda de Kubica, y durante esas vueltas, en casa seguimos con apasionado interés cada una de las vueltas en las que el británico se iba quedando inexorablemente atrás. ¡Qué alegría!

Así, cuando se cruzó la línea de meta estabamos en casa como en el motor-home de Ferrari, todos abrazados y los buñuelos saltando por los aires mientras la pequeña la emprendía sin miramientos contra la llave del buzón de casa; y como todos, al poco nos quedamos de piedra cuando vimos que Hamilton pasaba ¡quinto! y no sexto por haber pasado al alemán Timo Glock como si de un vulgar doblado se tratase.

Resultado: Hamilton ganaba el campeonato del mundo por un mísero punto.

Me quedo para mis "imagenes de una vida", el abrazo del flamante hijo a papa Hamilton, mientras la estupenda y espectacular novia del piloto, calada bajo la lluvia tropical del circuito brasileño esperaba turno -nada mal le sentaba la lluvia dicho sea de paso y con el máximo respeto-.

Insisto: creo que este chico no tiene claras sus prioridades.

Pero bien, no nos turbemos más.

Volviendo a la carrera, los especialistas dicen que como el bueno de Timo no cambió de neumáticos, Hamilton y Vettel le sacaron un montón de segundos (6 en la línea de meta) durante la última vuelta, y que por eso nos aguó a todos la fiesta, ni más ni menos que por eso: una cuestión de gomas (hecho éste que tantas fiestas ha aguado incluso en otros escenarios, no nos engañemos).

A lo que voy: Yo no me fío.

Este Timo cometió no pocos errores desde el inicio e hizo una carrera de lo más irregular. Y con ese nombre, vosotros me diréis... como para fiarse estamos.

Desde aquí levanto la liebre. A la espera de que la redacción de investigación de EL MUNDO recoja el guante... Y liebres más difíciles e imposibles han lidiado en este medio.

Avisados quedan.