martes, 13 de mayo de 2008

NOVIEMBRE EN MAYO

Ayer tuvimos un día gamberro en nuestro colectivo de teatro, ¡K+!.

Muy gamberro.

En algún momento tuve miedo, como cuando el señor conductor del autobus... o el camarero nervioso... o la madre que empatizó tanto con la madre...

Con la madre que empatizaron todos fue con cada una de las distintas que nos parieron a todos juntos -aunque en diferente espacio-tiempo- si supieran, si hubiesen sabido.

Pero ya ha pasado... NO en mi memoria.

La cosa es que nos dio por hacer como en la película Noviembre. Es decir, improvisaciones reales en la calle, con transeuntes, provocando situaciones y analizándolas, comportándonos todos como auténticos desconocidos desde que salimos del instituto (analicen con quiénes dejan a sus hijos en el colegio señores y señoras contribuyentes).

Como era la primera vez que lo hacíamos optamos por algo sencillo. Cogimos un autobus, el 55, dos miembros actuaban en los papeles de madre e hija. La madre se quejaba de que a la hija le echaban siempre del trabajo, que no duraba en ninguno y que tenía que responsabilizarse de su vida y si no que cojiera los bártulos y se fuese con su padre, el cual llevaba 18 años sin pasar manutención. La hija echaba en cara a la madre su desatención hacia ella, su predilección por el resto de sus hermanos, al tiempo que justificaba cada uno de los 15 -quizá exagero- contratos precarios que había firmado durante el último año.

Muy mal rollo como veis.

Llegado a un punto la hija se pira del autobus indignada, en plan "ahí te quedas, estoy harta de ti y de todos" y la madre se queda sola en el autobus. En la siguiente parada el resto del colectivo teatril nos bajamos y esperamos a que venga la oveja suelta. Siguiente punto una cafetería en la esquina.


Entramos en ella y otros dos miembros interpretan a dos amigos que han quedado para que uno de ellos pida ayuda al otro porque su pareja le ha dejado, va mal de pelas y la vida se le pone cuesta arriba. El otro amigo en vez de comprenderlo, le echa en cara su vida cómoda, su mala crianza y el hecho de haberse acostumbrado a que le den todo hecho. El mal rollo es latente. El abandonado "malcriado" pide la cuenta de las consumiciones que han tomado y llegado el momento de pagar le dice al otro que le invite. El amigo, absolutamente contrariado, comenta que hasta aquí hemos llegado, que encima que le llama a él para contarle sus historias, le tiene que invitar, que ni hablar, que si no tiene dinero que se busque la vida, pero que él paga su café y que pague lo suyo como Dios le de a entender.

El abandonado insiste en que no tiene dinero para pagar, los camareros se tensan pero no intervienen (hasta ese momento han asistido divertidos a la movida entre ambos como el resto de la cafetería), llegado un punto de tensión que el miembro del colectivo juzga como intolerable para él, saca un billete de 20 y paga. El otro amigo alucina y dice que cómo que no tenía dinero. El abandonado dice que se refería a que no tenía suelto. El interfecto queda como un cara tacañete delante de todo el personal. El amigo que parecía un intransigente quizá tuviera razón al fin y al cabo.

El resto no podemos intervenir, salvo que la cosa se desmandase mucho, o salvo que podamos sumar a la improvisación sin tomar protagonismo (miradas de reproche o comprensión con la escena a otros pasajeros o similar).

Nos vamos de la cafetería al instituto. Al llegar comentamos lo que hemos sentido, como hemos visto a los que han participado activamente. Qué hemos aprendido. Analíticamente. Aprendiendo mucho de la experiencia.

Flipante, terapéutico... y gamberro, muy gamberro y rejuvenecedor (ahí ahí con el corte de la Cibeles). El único miedo que tenía era importunar a gente, que estuviese trabajando sobre todo, pero no ocurrió. No se faltó el respeto a nadie, ni nadie pudo sentir un incomodo más allá de potencial (el conductor del autobús o los camareros). Cuando se iban los actores el resto -del colectivo y los espectadores- nos mirabamos con una sonrisa, pensando y comentando en alto en algunos casos que si mira estos, que cómo estamos todos, que lo que hay que ver, etc. Nadie siente desagrado, por lo menos externo. De lo contrario, no me habría parecido bien la experiencia, aunque el poso de timar, de engañar a la gente si que nos queda. Cuando uno entra en el teatro también le engañan, le hacen llorar y reir con tramas fingidas, se emociona o se pone de mal humor. La única diferencia es que es un paso voluntario, reflejado en el ticket que uno paga. Aquí la participación no se puede elegir y uno no es consciente de ser espectador -de hecho no lo es, es parte de la obra-.

O sea, hemos llegado a la centésima parte de lo que llega el grupo de actores de la película, pero con eso nos damos por contentos.
¿O no? ¿cómo lo veis?

15 comentarios:

Juan Luis Sánchez dijo...

Creo que es buenísimo para mejorar como actores, porque ahí si tienes que parecer real, para que te crean los de alrededor. Y encima tienes que improvisar. Lo malo es que no se te puede ir a ver actuar, a no ser que me invitéis un día a mirar.

Sobre experimentos teatrales extremos sin público, ¿has leído El mago, de John Fowles? Una novela que si no has leído te recomiendo encarecidamente.

Juan Luis Sánchez dijo...

Me ha gustado mucho este post, lo he leído con mucha atención. He flipado un poco, pero es genial.

Quikosas dijo...

¡A saco y que no quede nadie sin alucinar!
Y eso de no ser extremistas... bueno, ¡no se hizo roma en un día! Es cuestión de tiempo y voluntad hacer cosas un poco más "sonadas".
¡A seguir en la brecha! ¡¡Que envidia!!

bizarro con interrupciones dijo...

Joder, cómo idea es genial, está muy bien, a mi particularmente como viajero esas cosas me hacen gracia. Por algo pegamos todos la oreja cuando hay conversaciones así en el autobús.

Mi vida en 20 kg. dijo...

Tu ejercicio me hizo acordar a mis epocas de colegio, cuando estabamo en aniversario debiamos hacer algo en la calle que llamara la atencion de la gente e intentar que participaran, mientras mas gente mas putos a ganar.
Mi pobre madre cayo un dia ayudando a una amiga que peleaba con su novio en plena calle (todo una mentira, un montaje) y mi madre la consolaba y le decia "Rosita, ven conmigo, no hagas esto en la calle, mira que no vale la pena, ven que yo llamo a tu mama que te venga a buscar",...bueno la clase de Rosita gano por el buen corazon de mi mama jajajaja...
Lo anterior claro era un juego pero lo que hicieron me trajo a la mente mis recuerdos.

Como de seguro no vere la pelicula, dime.....lo matan????

Saludos

botijo de oro dijo...

Juanlu - al final pensamos que era más fácil que la improvisación en escena, porque la escenografía y el vestuario es perfecto. Gracias por el libro, me pongo a buscarlo.

Quikosas - ya, ya déjate, de momento no creo que vayamos mucho más allá. Gracias por los ánimos.

Bizarro - pues la próxima vez piensa que puede ser todo una pieza teatral para ti en exclusiva...

Mivida - ay, pobre tu madre! A eso me refería con la idea de ser impostores al fin y al cabo. Pero bueno, es muy leve.

geminisdespechada dijo...

es genial!! nosotros lo hemos hecho espontáneamente alguna vez. Mola :)

botijo de oro dijo...

Sí que mola sí, a mí me ha gustado mucho.

botijo de oro dijo...

Por cierto Mivida que se me pasó, mil perdones. La peli no sé bien si termina que lo matan o en realidad él se suicida. Creo que la lectura es doble. Tendría que ser Juanlu quien nos sacara de este aprieto.

Juan Luis Sánchez dijo...

JUANLU al rescate (cuidado SPOILERS, no leer si no has visto Noviembre):

En la imagen en la que le disparan que sale en el tráiler, no le matan, están representando un atentado terrorista. Como consecuencia, todo el mundo se les echa encima, porque se supone que se han pasado tres pueblos.

El final de la película es en el Teatro Real de Madrid. Ahí irrumpe toda la compañía montando jaleo, y es donde el protagonista, Óscar Jaenada,está vestido con un sombrero, pintado de blanco, con los ojos negros, en un columpio. Va a sacar una pistola que en realidad es de mentira y dispara una flor (como se ve al final del tráiler), pero alguien -un guardaespaldas o un policía-, cree que va a cometer un atentado y que la pistola es de verdad, y le dispara y le mata.

Ahora sí que vais a pensar que soy un friqui sin vida que sólo ve pelis todo el rato.

Juan Luis Sánchez dijo...

Como bien dice Álvaro, la lectura es doble. Le matan, pero también se entiende un poco que cuando él saca la pistola, es consciente de que le van a pegar dos tiros.

botijo de oro dijo...

Tal cual comentas. Esa era mi duda, si él sentía que tenía que morir porque el guión lo exigía.

botijo de oro dijo...

Gracias por el rescate, Juanlu.

Mi vida en 20 kg. dijo...

Gracias Srs, mil gracias.

botijo de oro dijo...

A mandar :)