domingo, 27 de abril de 2008

PÁJAROS EN LA CABEZA

Bastante de vez en cuando, a veces, cuando me voy a dormir y apenas estoy empezando a abandonarme al sueño llego oir el sonido de algunas patitas sobre mi cabeza. Las oigo, en el techo. Dónde el hueco del tejado. He de decir que debo estar medio sordo, pero a veces parece que tengo el oído hiperaguzado de los esquizofrénicos.

Las patitas son de unas palomas, que viven, ahi, encima de nuestro dormitorio, se cuelan por una trampilla sin rejilla en el hueco del tejado y deben estar montando una tremenda en el hueco, no quiero ni pensar como estará, pero me alegra escucharlas esas noches.

Al principio, cuando llegamos a esta casa, pensé que podían ser el ruido de roedores, otro tipo de animal también frecuente en las ciudades. Pero me daba igual, me producía la misma ternura. Y es que me da igual que coexistamos con roedores, cucarachas y otros seres evitables que conviven con nosotros en las ciudades. Mientras no amenacen mi integridad física ni mi higiene, no me importa, sé que están ahi y en cualquiera de las ciudades hay muchos más de estos seres que de los humanos, como en el campo por otra parte. Es lo más normal del mundo.

Tendemos a desnaturalizarnos a pretender que vivimos solos, y francamente, a mi lo que más me aterra es pensar que pueda vivir en un oceano de cemento y dioxido de carbono, de ruido de motores y bocinas, y nada más. Frente a todo ello, el sonido de cualquier animal, que ni me amenaza y prefiere vivri apartado de mi no hace más que devolverme un sabor a Naturaleza.

Pienso en las ratas y las cucarachas, pero están las ratas del aire (las palomas) los gorriones y los gatos callejeros, los perros (esos pobres animales esclavos) los plátanos de indias, tan bellos en primavera, los almendros y similares, anunciando siempre el fin del invierno, las máquinas creadoras de polen y todos esos seres maravillosos que me hacen sentir que estoy vivo.

Y he citado sólo los más frecuentes y normales. Afortunadamente hay días como hoy, domingo, que uno tiene la certitud de vivir en una jungla humana, pero más por el bendito número de especies que por la violencia urbana. Días así, hacen que uno se sienta reconciliado con todo. Ojala fueran así todos.

5 comentarios:

geminisdespechada dijo...

no no no no no, yo vivo sola. En mi casa no concibo ni la existencia de ácaros. Y no me digas lo contrario o lloraré!!

bizarro con interrupciones dijo...

HOLA GEMINIS!

Vale, vale, admitido. No seré yo quién te cause un disgusto de este tipo y menos ahora a comienzos de semana. Tu casa es una capsula perfecta aislada de todo bicho (vamos, mejor que un quirófano, que ni la estación espacial internacional). Eso sí , si los encontrais por favor no los machaquéis, se les puede coger con un papelito y arrojar por la ventana, porfis. Eso sí, en una casa como la tuya con mujeres que sueldan tuberías (vaya nivel, me dejasteis impresionados) y alguna otra que ha jugado al rugby no te preocupes que ni se atreven. Se vienen todos a la mía. ¡¡¡Enhorabuena por el campeonato de baloncesto!!!

Juan Luis Sánchez dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Juan Luis Sánchez dijo...

Bizarro, muy diver tu artículo sobre tus vecinos los pajarracos. Menos mal que no ponen la música alta. Yo, como bien sabes, tampoco vivo solo, convivo con una pelusa gigante. Espero más jugosas contribuciones como ésta a lo largo de la semana.

bizarro con interrupciones dijo...

JUANLU:

Lo que demuestra que los modelos de familia hoy en día son más complejos de lo que pretenden los obispos.

De todos modos tu pelusa es un poco dominatrix: ¿Con quién vas? ¿Que haces? ¿Que horas son estas? Cualquier día te veo protagonizando el anuncio ese de la lotería con "Podrás cambiar tu casa, pero no cambiar a tu pelusa" (en lugar de la madre :-)