martes, 1 de abril de 2008

El zen


Si existe algo antibizarro es Wally. Tan multitudinario y famoso él, oculto en la maraña y reclamando atención constante como un niño malcriado.

He de reconocer que yo nunca he tenido mucha paciencia para andar buscándolo cual Paco Lobatón. Si alguien quiere esconderse y no figurar, sus razones tendrá, si esto además le hace rico, sus razones las comprendo perfectamente.

Definirse a partir de la atención del resto es un rasgo de inseguridad y este tipo siempre me ha parecido muy inseguro. Detrás de ese afán viajero en tiempo y espacio, seguro que se oculta un afán de búsqueda personal y un intento de autodefinición nunca resuelto.

Complejos y traumas mal curados de una infancia, que nos es opaca, seguro que tienen la culpa. Pero no vamos a tratar aquí el tema, no en tanto no conceda alguna entrevista en profundidad que aporte datos, a algún programa de mayor empaque como pueda ser La Noria, sólo por poner un ejemplo.

En fin, que nos consuela ver como el jovencito Wally va madurando ya plenamente consciente de si mismo y pasa de todos nosotros, editor incluido (esto será su ruina), en un ejercicio de trascendencia que nos parece estupendo. El problema es que ahora que lo veo así, tan visible y al alcance -tan humano- me da por añorarlo y preguntarme: pero... ¿Dónde está Wally?

3 comentarios:

Quikosas dijo...

Pues yo creo que Wally era bien bizarro... y aquí lo explicaré:
1- Wally no quiere llamar la atención ni ser buscado/encontrado, sino que somos nosotros quienes nos empeñamos en sacarlo de su anonimato, de entre las masas en en donde se pierde, lo que nos lleva al segundo punto.
2- ¡Wally es un luchador nato y valiente como él sólo (rasgo definitivamente bizarro)! ¿Cómo si no iba a meterse él en semejantes berenjenales? Él hace su camino contra viento y marea, por un camino nunca recorrido por ningún otro, como un buen bizarro.
3- Wally es definitivamente despistado, y ésto sólo puede ser rasgo de desprendimiento, de una mentalidad que va más allá de la propiedad material... ¡Esa generosidad es indefectiblemente bizarra!
En fin, esa es mi humilde opinión como bizarro, que todo lo cuestiona. Además, ¡si no lo hiciese no sería divertido!

botijo de oro dijo...

Interesante versión la que apuntas, y muy enriquecedora tanto la versión como el cuestionamiento, pues ya dijo Nietzsche que la duda es la base del progreso, y aunque dudo (ergo progreso) que éste nos lleve alguna parte, la mera retórica sobre la palabra y sus adhesiones y traiciones a causas bien contrarias ya merece la pena.
Entonces, me pongo retórico, si antes Wally era bizarro, este nuevo Wally Zen más intimista ¿Qué te parece? Es un derrotado que ha acabado por asumir la imposibilidad del ocultamiento... Interesante cuestión.

bizarro sin interrupcion dijo...

Yo creo que Wally es fundamentalmente un exhibicionista.

El problema pra determinar la autenticidad bizarra de Wally es que no tenemos suficiente información sobre Wally.

Vale, sabemos quién es, pero no sabemos de dónde viene. Sí adónde va, pero no de dónde viene.

Le vemos con esa cara medio idiota, sonriente, feliz y vale y en eso sí qué podría encajar con el bizarro. Pero ¿Sabemos lo que piensa? Y sobre todo ¿Sabemos lo que piensan de él?

Yo creo que el bizarro vive básicamente entre miradas confusas y es básicamente un incomprendido. Si de Wally aquellos a los que visita pensarán ¿Y este quién es y dónde sale? ¿Qué se le ha perdido aquí? Entonces sí tiene un componente bizarro.

Y no te digo ya si supieramos que sus amigos pensaran que Wally es medio idiota, que va de un lugar sin saber lo que quiere (porque no son capaces de saber lo que quiere y él sólo parece saberlo a medias).

Entonces, diría yo, Wally si es un bizarro.

Pero el problema es que no sabemos nada de Wally. Necesitamos conocer su pasado.