viernes, 25 de abril de 2008

BOB WILSON: LA DAMA DEL MAR




La primera vez que padecí a Bob Wilson fue hace dos años en el festival de teatro clásico de Mérida. Era un montaje sobre Proserpina, la diosa romana que da lugar al mito de la primavera. En aquella ocasión, hubiera querido matarle. Ayer, lo hubiera lamentado.

Aquel primer encuentro con Bob Wilson fue un encuentro-desencuentro de circunstancias. Agridulce. A medio camino entre la seducción y el aborrecimiento, a medio camino entre la fascinación y el desprecio. Aquella obra fue un éxito. El público acabó silbandole, la critica alabandole y, ni lo uno ni lo otro, a mi me dejo a medias, fascinado con mucho de lo que había visto pero sintiendo que a veces había querido tomarme el pelo.

El caso es que este dramaturgo texano, creador de un lenguaje teatral sincrético y único, que ha trabajado como coreografo, pintor, escenógrafo, pintor, escultor o incluso artista performance, es un fuera de serie, pero me hizo sentir como un idiota aquella primera vez que fui a verle. Ahora, a toro pasado, y después de la maravillosa representación de ayer, confirmé una intuición que entonces sólo sospeché pero de la que dude infinitas veces. Si quieren saber porque tienen que ir a verlo, salten el siguiente párrafo y sigan leyendo. Si quieren toda la historia, continúen.

Hace dos años, la obra de Proserpina me gustó, pero había una escena, inolvidable para todo el que vió la obra, que transcurría en el Infierno. Al principio era sorprendente, fascinante, intrigante, pero a medidad que transcurría se volvía repetitiva, aburrida, molesta y cargante. Y seguía. Y seguía y seguía hasta que la gente no podía más y empezaba a silbarla. Era tan cargante que la gente empezó a silbarla, y creo que hizo bien. Y la crítica puso de maravilla la obra. Y creo que también hizo bien. Porque ayer, sin duda, confirmé lo que sospechaba: que Bob Wilson, por lo que fuera, lo había hecho adrede.

Porque Bob Wilson es un genio.

Porque su teatro es belleza pura.

Porque cuando, como ayer, quiere que su obra ruede a la perfección y que te guste de principio a fin, por mucho que te sorprenda y te desconcierta, lo consigue.

Porque es capaz de hacer un arte de vanguardia que disfrute hasta el mayor paleto.

Porque rompe todas las reglas, porque puede ser incomprensible, Y al final te da igual, todo es belleza. Y al final, cuando pensabas que no ibas a poder entenderlo, todo termina por encajar, por recomponerse, y te forma un cristal bello como un caledoiscopio, bello y lleno de simetrías, pleno y lleno de colores, hermoso, fresco, iluminante.

El trabajo de la Dama del Mar es raro: parece que vieras cuadros de Magritte moverse, seres humanos comportandose como si fueran marionetas, estatuas de carne y hueso que se mueven a través del decorado. Muñecas rotas que poco a poco se te van humanizando. Chillidos y sonidos extraños que seducen tus oidos. Golpes de efecto que te insertan en la historia.

Es una experiencia a ver, algo a sentir. Cuesta encontrarle las palabras. Por eso, y afortunados ustedes, que todavía lo han visto, vayan corriendo a verla. Que se acaba.

LA DAMA DEL MAR”. Autor: IBSEN Version: Susan Sontag DIRECTOR: Bob Wilson

TEATRO: Matadero. Naves del Español. Hasta el 27 de Abril

3 comentarios:

Juan Luis Sánchez dijo...

¡Me ha gustado tu crítica, Bizarro! Creo que La dama del mar es visualmente impactante. Me habrías convencido para ir a verla, si no fuera porque ya fui a ver la obra contigo.

Para mí fue también muy divertido que en medio de la representación me enteré de la feliz noticia de que nuestro amiguete Botijo había sido padre, y no pude hacer otra cosa que pasar una nota. Nunca me había pasado nada parecido.

Un abrazo a los autores del blog.

botijo de oro dijo...

Vaya! ¡qué buena pinta tiene! RRRRRRRRRRRRRRRRR quiero ir RRRRRRRRR pero no puedo RRRRRRRRRRR...

Anónimo dijo...

Your blog keeps getting better and better! Your older articles are not as good as newer ones you have a lot more creativity and originality now keep it up!