viernes, 28 de marzo de 2008

MADRID: ¿UNA CIUDAD BIZARRA?



No siempre consigue Madrid ser una ciudad bizarra. En este momento la domina un integrismo neoliberal que amenaza con acabar con cualquier signo de heterodoxia y extrañismo que hagan de ella una ciudad digna de ser vivida. Sin embargo, igual que Dehli en la India dicen que es la ciudad siete veces fundada, la ciudad que siempre renace de sus raíces, Madrid contiene y (esperemos) siempre contendrá un elemento de bizarría débil pero perenne que resurge cuál ave fénix cada cierto tiempo de sequía.


Qué Madrid, capital de un país gris y triste durante cuarenta años, y sede de uno de los regímenes fascistas más feos y perennes de los años treinta sea hoy en cierta irregular, y vibrante medida una de las capitales gays del sur de Europa, puede ser tal vez una de las múltiples e incongruentes (rasgo inequívocamente bizarro) contradicciones que ilustran la consustancial bizarría de Madrid.

Capital absurda y a dedo (Felipe II eligió el pueblo más absurdo y feo de toda la península para poner la capital que le salió de sus feas e integiristas narices) fea y llena de encanto, Madrid es querida en Europa por las razones que siempre los madrileños detestamos; por sus plazas de toros, su ambiente gay, su olor a ajo, su inacabable vida nocturna, su estupidez congenita y por su incapacidad siendo una gran capital de ser más que un pueblo grande, Madrid merece con creces el título de capital bizarra del sur de Europa, en dura competición con Belgrado, que en pura demostración de absurdidez y bizarrismos es una ciudad eslava y mediterránea llena de cafres, sin mar y en medio de las montañas (rasgos que comparte con Madrid).

Madrid quiere ser (últimamente) un Londres del sur de Europa, una Roma sin coliseo, una París sin grandes bulevares y no es más que una Lisboa venida a menos. Madrid es un templo de cemento y estética gilista que se sobrevive a sí misma y a los madrileños y en la que sus únicos y auténticos ciudadanos son aquellos venidos de fuera (a los que por otra parte trata de pena pero a los que permite que se adueñen de ella como buena dama sadomasoquista que se quiere católica, austera y recta).

Madrid es un sindiós venido a más, una fiesta mal acabada y peor recogida, una escombrera que se resiste a serlo, una barbarid que debería ser abandonada y replobada al día siguiente con carácter de urgencia extrema, una estupidez, una bizarría, una anomalía geopolítica que merece ser crucificada y besada, Madrid, te quiero, Madrid, me das pena. Madrid, me matas, Madrid, que propio, que de todos tus centros artísticos, el más reciente, sea el matadero. Bizarra, que eso es lo que eres, una bizarra.


3 comentarios:

Enrique Páez dijo...

Veo que se te desatascó el bolígrafo, y ahora vienen las lluvias de letras. Felicidades

Chusa dijo...

Según tu propia definición de "Bizarría sin interrupciones" es desde luego Madrid la más indefinible de todas las capitales mediterráneas con o sin mar. Y para mí es precisamente en sus momentos de aparente sequía rebelde como el que vivimos ahora, cuando mejor se manifiesta su vocación de inclasificable y exibicionista. Madrid siempre se nos ofrece y se reinventa para nosotros, sus devotos moradores, como la más experta de4 las viejas meretrices. Le estaré eternamente agradecida al sieso de Felipe II por su elección.

botijo de oro dijo...

Pues Madrid siendo bizarra, creo que es superada por León. Provincia una y trina: del reino de León, del astur-leones y quinta provincia gallega con el Bierzo. Cuando viví ahí, no entendía como una provincia relativamente tan despoblada, podía reivindicar tanta capitalidad y liderar tantas secesiones.
Si me preguntas una razón, solo diré: el cierzo, mon amie, el cierzo.