martes, 25 de marzo de 2008

El ramplón


El ramplón escudriña tu mirada buscando el deseo. Muerde su boca cuando paladeas tu helado favorito y nunca acaba de responderse porque te ama tanto. A veces, no son muchas, esconde un pequeño pensamiento de bonanza. Se mesa el cabello. Muerde su labio inferior. Enseguida se fuga la buena intención de su memoria.
El ramplón vuelve a las andadas.
Otras veces altera el orden de las cosas en busca de una pequeña ganancia. Alborota todo. Adormece al resto de mentes humanas para que sólo él sobresalga en la espesura. Miente si es preciso y cabalga por encima de la niebla con la guadaña bien afilada.
El ramplón te tiene puesto en el punto de mira.
En ocasiones también bebe si es preciso. Es el que apaga las luces de todos los garitos de poca o mucha monta. Es la reina del jolgorio cuando tú no estás. Era preciso que estuvieses. Cuando estás ya no era necesario cerrar los bares, ni bailar ebrio encima de la barra de aquel sitio del que tan solo recuerdas unas estridentes luces rojas. Haces el payaso.
El ramplón está ocupando tu sitio.
A ratos empiezas a notar que nadie te espera al llegar a casa. Nadie te saluda al entrar en el trabajo. Ya nadie considera tus ideas las más lúcidas, ni se ponen sobre el tapete tus pequeñas proezas. Ama apasionadamente a tu mujer y consigue los ascensos que esperabas de tu jefe. Observas que ya no muerde su labio inferior en tu presencia. Notas como te dirige una mirada de ligero desdén, cómo calla en cuanto nota tu presencia. Razonas a duras penas.
El ramplón ha hecho su trabajo.
Al final tan solo recuerdas el pesado diagnóstico de la bata blanca: paranoia. Paranoia. Paranoia es tu amante a partir de ahora. Es la que baila contigo en las pesadas noches de insomnio. Estás interno dentro de la casa de reposo. Acostúmbrate. Te han dicho que el ramplón no existe. Tú crees que es imposible. Te ha jodido. Tú y yo sabemos que el ramplón existe. Tú solo eres una persona loca y yo solo vivo dentro de tu desordenada cabeza.
El ramplón está en tu cerebro.
Comes natillas. Es tu plato favorito. Das largos paseos al lado de la chica depresiva. De vez en cuando solloza y tú la calmas. Arropas tus recuerdos cubriéndolos en una fina telaraña. Muerdes el labio inferior cuando te curan. Mesas tu cabello cuando sales del manicomio.
Enhorabuena: estas curado.

3 comentarios:

Nehmila dijo...

Que sepas que los ramplones existen. Y cuando lo cuentas nadie te cree.Suena a paranoia... pero es el bajo astral.. es esa percepci'on de que hay algo ah'i que no est'a claro del todo...Antes yo tambi'en pensba que estaba loca... pero ahora s'e que existen.
Y sin embargo, cuando lo cuentas... suena a paranoia.

Bea dijo...

Sí, suena a paranoia. Por si acaso, no me presentes al ramplón ese, menudo menda.

bizarro sin interrupcion dijo...

¿Por qué será que cuando lo leo pienso en lugares en los que he estado y gente que he visto?
El ramplón existe, no hay duda.