viernes, 28 de marzo de 2008

El centro




El otro día pague en euros una copiosa comida. En la parroquia sita enfrente de mi restaurante las hostias del párroco también eran redondas. Lo recuerdo bien, porque fue el último almuerzo justo antes del fin del mundo. No lo pude ver porque no tengo televisión por cable. Una pena, para una vez que termina la creación.
Hoy estamos muy contentos todos en el purgatorio. Nos hallamos a la espera del destino definitivo y la situación es tensa. Los primeros que se han salvado han sido los presos. De ellos, San Pedro ha dicho que ya sufrieron bastante en vida y que la justicia de los humanos, pecadores todos de por sí, es bastante dura a la par que dudosa. Nos dio a todos lo mismo, siempre dispuestos a tirar la primera y sucesivas pruebas.
A mi lado, se sienta preocupado un directivo de la C.N.N. El hombre anda quejándose todo el rato por lo poco profesional que fue el show final, dado que se escogió un horario fuera de prime-time, y es verdad que a las cuatro de la tarde poca gente ve la tele. De todas formas, puede respirar tranquilo porque a los directivos les van a meter en el cielo después de los presos. Este hecho queda justificado, para la divinidad, en que bastante purgatorio han pasado ya con tanta reunión y tanta gestión por objetivos.
En medio del tremendo atasco que tenemos, y eso que al irse todos los presos del mundo esto ha quedado más desahogado, una feminista se ha quejado del desagravio histórico de la mujer y esgrimiendo el artículo de los últimos serán los primeros, ha colado a las de mal vivir, muy cercanas siempre a lo religioso, y al grito de ¡adelante compañeras! entró primero ella para iluminar el paso. La echaremos de menos. Gritaba mucho.
Los que peor suerte han corrido son los del tercer mundo, una vez más. Entraron todos muy barrigones y con costrones blancos en la comisura de los labios. Su mirada era la de la indiferencia y sé que han tenido mala fortuna porque según un médico que está por mi sitio, de haberse retrasado dos días más el fin del mundo, hubiesen entrado casi todos y sin el atasco propio del fin del mundo. Otra pena, pero todo parece indicar que serán los siguientes, según ha comentado uno de los profetas mormones que está echando una mano, junto a Calvino y Buda, en estos momentos de atropello. Este último hecho, ralentiza todo mucho porque cualquier decisión se ha de consensuar entre todas las religiones, y las sectas, que de momento tienen voz pero no voto, se están constituyendo en un autentico lobby para sacar tajada a la hora de salvar y condenar. De todas maneras, será el último trabajo, porque después del último juicio ya no quedarán más acólitos. Un último esfuerzo, eso es todo.
Ahora han desaparecido todos: los presos, los managers, los propietarios, las meretrices y los hambrientos, después han desaparecido los políticos, los banqueros y los niños. Por último, han desaparecido los periodistas, que iban como locos pidiendo teléfonos móviles para mandar su última crónica a unos medios que ya no existen. En fin, un lío. Ya solo quedamos la clase media en todos sus estratos: media-alta, media-media y media-baja. Nos miramos todos con cara de pánfilos y no paramos de jugar con nuestros mandos a distancia, el de la tele, el del coche y el del garaje. Nos entretenemos mirando el piloto rojo que se enciende en el cacharro cada vez que pulsamos el botón, y algunos, los más ingeniosos, hacen castillos de naipes con sus tarjetas de crédito. Creo que no saben que hacer con nosotros porque en la puerta del cielo y del infierno se ha encendido un letrero rojo que pone “ocupado”. A mí que una vez más nos quedaremos en el limbo en medio de los dos extremos. En el centro. No nos importa. Lo único que echaremos de menos es el porcentaje mayoritario que nos certifique de nuevo que estamos en el sitio correcto.
Esta vez sí que R.I.P.

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