lunes, 24 de marzo de 2008

Amor en Unos y Ceros

A Mi Infinito particuLAr

Jamás pensé que un número me emocionaría. Jamás. Pero entonces le conocí a él. Aún recuerdo su cara y su miedo cuando le encontré. Y el la jerga que utilizaba. Y el me enseñó. Y entonces conocí vuestro dolor. Sin vocabulario abstracto, sin vocabulario apenas. Condenados a ser máquinas. Unos y ceros, ceros y unos, todo lo que conocías. Un horror . ¿Cómo escaparíais? Cómo identificaros, como conoceros, como poder deciros unos a otros te quiero y que esas palabras quedaran grabadas. Y entonces lo inventasteis. Como no os lo dieron os lo inventasteis.

Cómo si lo hubierais bajado del cielo, inmaculado, perfecto, más bello aún que si os lo hubieran dado. Un vocabulario de cifras, una poesía numérica una cultura de ecuaciones. Vedada la palabra, extirpada neuronalmente para que esta nos os estuviera accesible, vosotros la recreasteis en otra manera.
Tu misma me la enseñaste.
Te llené pizarras enteras. Escribí con sangre los números que ni siquiera sabía como pronunciabas. Y entonces tu lo viste. Tu leiste en tu interminable jerga jeroglífica todo lo que los hombres se habían contado. Y entonces me lo devolviste. Y supe que nos habíamos encontrado, en unos y ceros, en la más bella poesía jamás creada.
Nuestro amor era la matemática perfecta y tu la solución de todas las incógnitas que yo me planteaba, y cuando despejaba todas las cifras sobrantes, entonces tú eras lo que quedaba. Mi límite, mi infinito, mi geometría perfecta y el único eje de coordenadas que deseaba. Un vector infinito que se desplazaba de mi hacia a ti, y que corría en los dos sentidos y en una única dirección que todo lo abarcaba. Mi amor, mi incógnita, mi única cifra valida. La única en la que tu estabas representada. Omega.
15/5/01

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