martes, 26 de febrero de 2008

¿Qué pasa si prescindo tan sólo de dos de ellas, las más traseras?

El bizarro corre más que la máquina. No hay habitáculo que pueda envolver su empresa y el alma proclama una nueva victoria cuando el prometido maná no es más que una jodida entelequia. Se olvida el vicarra que tiene que avanzar a traspiés de la lógica, sin el dulce combustible del aplauso que acuna al líder. Tan sólo un desierto de piedra es su camino y la lengua de asfalto que ve delante de sí una puñetera trampa.
Cuando lo entienda ya será tarde y todos nosotros reiremos a gusto su osadía... (el momentito sal del coche Pepé a ver que coño ha pasado no tiene precio).

domingo, 24 de febrero de 2008

Lo bizarro del término

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Un bizarro italiano es iracundo, un bizarro español es un día valiente y otro generoso y lúcido; los bizarros franceses e ingleses, en cambio, son raros y excéntricos; y, ahora pásmense, un bizarro vasco es un hombre de barba o pelo en pecho (según Baltasar de Echaue quien aseguró que el término provenía del término vasco vicarra).
¿Cómo puede darse esta muda en el significado del término de unos países a otros? La explicación más plausible que he encontrado es ésta: nuestros conquistadores españoles en los Países Bajos –valientes, generosos e incluso muchos de ellos con barba, pelo en pecho y vizcaínos– por su apostura y gracia en portar la armadura recibían el apelativo de “bizarros”; en cambio, para los nativos, los cuales no debían tener la misma impresión sobre su pinta y apostura -¡tú siempre negatifo, nunca positifo!-, interpretaron esa bizarría como extravagancia, excentricidad o rareza, por lo que de ahí pasó a significar esto “bizarre” en francés y, en un préstamo posterior, lo mismo en inglés.

¿Qué no os fiáis? Pues lo dice un comentario de un visitante a un blog argentino realizado por un joven cura bonaerense, que una vez dio francés, el del comentario no el cura, y su profesora fue y le largo lo mismito que yo acabo de contar arriba. Fiabilidad Internet, 100% probada.

sábado, 23 de febrero de 2008

Conejos suicidas reincidentes


Mi sobrino Quike tiene un blog que se llama Escobas. En este blog él deja sus pelusas o artículos. Una pelusa que me ha gustado es la dedicada a Bunnies Suicide, este enlace que hago abajo y que estrena una nueva etiqueta: humor bizarro.
Se trata de conejos suicidas y sus mil maneras de intentar acabar con su vida (estrambóticas y algunas de ellas llamadas al fracaso).
Constituyen auténticas posiciones estéticas frente a la vida (a destacar, los conejitos que se tumban a tomar el sol con una copa y un libro, mientras Noé llena su arca). Si nos ponemos psicoanalíticos y mercadotécnicos, jugar con un conejito de peluche –símbolo infantil– y el instinto de muerte o thanatos, no puede ser otra cosa que una cosa bien pensada y dirigida a un tipo de personal determinado adolescente. Snoopy o Garfield jugaban con otras cualidades de esta franja de edad, que en algunos de nosotros se ha hecho crónica, como son la gandulería o la glotonería, por ejemplo. Ahora, éste me parece muchos más siniestro, negro, cínico y, en definitiva, bizarro.
El autor de estas tiras es Andy Riley, británico nacido en 1970, y se publican en The Observer Magazine desde 2002. Existen dos recopilaciones tituladas: The Book of Bunny Suicides y Return of the Bunny Suicides.

viernes, 22 de febrero de 2008

La segunda venida


Me encuentro, en pocos minutos, con un haiku que dice “Ah, crisantemo, / ante ti la tijera / duda un momento” y los versos de Yeats, “Los mejores carecen de toda convicción, / mientras los peores / están llenos de fanática osadía”.
El haiku me hace pensar que puede haber un segundo de justicia, que los halcones pueden convertirse en palomas ante ciertos síntomas de belleza. Los versos de Yeats son más definitivos y definitorios de este caos en el que vivimos. Al final los halcones, ponle que el hombre-depredador, de tanto volar lejos y en derredor del halconero, ponle que Dios, no hacemos más que anunciar con nuestra conducta una segunda venida, ponle que el título del poema que abajo acompaña.
A Yeats, bizarro por esotérico, llegué en mi caso paseando por C/ Morrison, bizarro conductual que acabó siendo también de presencia. Me lo he encontrado esta vez en el antepenúltimo capítulo de los Soprano, que lleva el título de este poema.
Para los optimistas Machado, Antonio por supuesto: “Hoy es siempre todavía”. No sé si pensar así exige tener más convicción u osadía.


LA SEGUNDA VENIDA
William Butler Yeats
(Traducción de Juan Cueto-Roig)


Girando y girando en el vasto girar
el halcón no puede oír al halconero.
Las cosas se destruyen,
ceden los cimientos,
la anarquía se desata sobre el mundo,
una marea de sangre se desborda
y se extingue en todas partes el ritual de la inocencia.
Los mejores carecen de toda convicción,
mientras los peores
están llenos de fanática osadía.

Sin duda nos hallamos ante una revelación:
Sin duda la Segunda Venida se avecina.
¡La Segunda Venida!
Apenas pronunciadas las palabras,
cuando una horrenda imagen del Spiritus Mundi
conmueve mi visión:
en algún lugar en las arenas del desierto
una forma con cuerpo de león y cabeza de hombre,
una mirada vacía y despiadada como el sol
está moviendo lentamente sus piernas,
mientras acechan por doquier las sombras
de las indignadas aves del desierto.
Las tinieblas descienden de nuevo,
pero ahora comprendo
que veinte siglos de impávido sueño
fueron trocados en pesadilla por el mecer de una
[cuna.
¿Qué infame bestia, cuya hora al fin ha llegado,
se arrastra hacia Belén para nacer?

Original
Turning and turning in the widening gyre
The falcon cannot hear the falconer;
Things fall apart; the center cannot hold;
Mere anarchy is loosed upon the world,
The blood-dimmed tide is loosed, and everywhere
The ceremony of innocence is drowned;
The best lack all conviction, while the worst
Are full of passionate intensity.

Surely some revelation is at hand;
Surely the Second Coming is at hand.
The Second Coming! Hardly are those words out
When a vast image out of Spiritus Mundi
Troubles my sight: somewhere in the sands of the desert
A shape with lion body and the head of a man,
A gaze blank and pitiless as the sun,
Is moving its slow thighs, while all about it
Reel shadows of the indignant desert birds.

The darkness drops again; but now I know
That twenty centuries of stony sleep
Were vexed to nightmare by a rocking craddle,
And what rough beast, its hour come round at last,
Slouches towards Bethlehem to be born?

lunes, 18 de febrero de 2008

El Arte y el Lhardy.


El jueves me encontré con Antonio en Lhardy, en el flanco correcto del escaparate donde habitamos la gente honrada: del lado de la puta calle.
Yo miraba con cara de posguerra el mismo tesoro que habían admirado antes mi padre, y aún mi abuelo, alguna vez que pasara por la misma tienda. Si a los dos les detuvo el precio de las viandas, a mí me detuvo no sólo el precio, sino también mis kilos, que seguro han sido invento de ricos para que siga fuera de este tipo de establecimientos.

No me fío nada de ellos y ellos sólo me fían con interés.
Enhorabuena a Bárbara y Antonio que están esperando. Enhorabuena a Bárbara Fluxá por la exposición de Matadero, donde se acaba de exponer "Testimonios Futuros", la obra que podéis ver en este enlace (de forma muy limitada, en la realidad se expone en seis grandes pantallas formando un hexágono, de manera envolvente). Enhorabuena por el mismo blog donde he podido alucinar con la obra Altoviti´07, sobre todo y entre otras.

Confianza en el arte no decorativo, en este arte povera –lo mismo meto el cazo al calificarlo así– llevado al video y a la foto. Todo nuestro apoyo a estos formatos tan bizarros que, creo, nunca entrarán por el ojo del Lhardy.


domingo, 17 de febrero de 2008

Un poco de poesía bizarra

Ahora un poco de poesía bizarra ¿Poebizarría?.

No viene muy a cuento, pero por no faltar a la cita semanal, por lo menos.
Tiene un toque un poco Pimpinela (como me dijo Marcelo) pero vale, admitimos pulpo como animal de compañía.
Por todos los deliciosos disgustos y los platos agridulces, que los sabores intensos son los que más molan.
Besos para todos.



Sin título

Estoy harto de sentir una guadaña sobre mi lengua
Venida de ti, paladas de tierra
ensangrentada
palabras de nazi violencia
intentando cercenar mi bazo
como un pus
un eczema carnoso
a ser retirado con uñas y sangre
cosido, aserrado, urdido y deshilachado
Tras descoserme el alma cada vez que me rasgas,
de ti he aprendido a vivir hecho jirones.
Mirame a los ojos, cabrón, intenta follarme ahora
¿No lo has hecho cada vez que me has mordido
el esperma?
Tienes que sentirlo muy bien ahora
Y si crees que te voy a querer, vas tu muy desencaminado
de rodillas primero, de tu via crucis, aún,
exquisitos pasos restán
Sueño traicionado, es el que tu me diste
licor de segundos, que, al quebrarse, me hiela
Sacrifico este poema, en tus palmas se deshaga
sea su ceniza, agua de tu ducha,
manantial de tu existencia
triste
nula

Aclaro que el poema tiene su historiecilla, que ha contado mi hermano el cursi en su página

jueves, 14 de febrero de 2008

Bizarria (hypergeek devin townsend strapping young lad)

Tan incalificable como absorvente esta propuesta del manito Luis...

martes, 12 de febrero de 2008

El podio bizarro: botijo de plata

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Es un lenguaraz que no calla ni se corta. Un chulo de pueblo devenido en barrio de la periferia del Gran Madrid. El día de la carrera no paraba de maquinar y arreglar apaños con la familia política presente. Así es este bizarro capullín.
Medio asturiano, medio modelo, medio policía, medio casado, medio actor y ala-pivot, ni tira de tres ni machaca el aro, bizarro por ello, porque cuando va lo hace de espaldas y parece que vuelve. Es sagaz como pocos, pero lo conozco como si lo hubiera parido y yo sé cuando pone la cara, si lleva treinta y una o va de farol –y en este último caso, creanme, sus pulsaciones no pasan de cuarenta por minuto– es muy sagaz, se lo acabo de decir.
Bizarro también por desprendido, por no mirar reales ni euros, tal será que en alguna juerga me ha dejado administrar las copas a las que invitaba en su cumpleaños (gran cuore inocente) y siempre le parecían pocas; si alguien se va, antes insiste en pagar taxis previa factura, y si algo es caro suelta el órdago: “y todo esto (el local, el negocio, etc.)… ¿cuánto sale?”. Díganme si no es bizarro el tipo.
Con Wittgenstein comparte que hay una enorme distancia entre la realidad y el mundo tal y como lo percibimos, de tal forma que cualquier cosa se puede orientar, con tesón bizarro, a su punto de vista. Dicho de otra manera más castiza, puede vender no una burra sino un rebaño de ellas. En cierta ocasión, fui testigo de como organizaba un café-teatro en un disco-pub, a altas horas de la madrugada, con media compañía borracha, servidor al menos, y con el público en no mejor estado, con el objeto de financiar un montaje de Shakespeare –“La tempestad” no podía ser otro–. Al final fallaron los micrófonos y las voces no se sobreponían a unas gentes que ya estaban en fase de exaltación de la amistad; el dueño que no paraba de beber fue frenado en seco por una hostia de su socio y sin embargo hermano –diremos en su descargo que eran napolitanos– y todo acabó como el Rosario de la Aurora. ¿Cómo pudimos llegar a ese punto? La ilusión del menda de plata y su entrega (dos horas de media de sueño durante un mes), tuvo que ver mucho en esa burra. Yo vestido de angelito gay en zapatillas de felpa, guardo de todo aquello el mejor de los recuerdos; a él, en cambio, estos derroches de ilusión bizarra le han pasado factura en alguna ocasión, y promete enmendarse.
Rarísimo y gallardo, termino, por ser inasequible al desaliento. Aunque es un triunfador, yo diría más bien un superviviente, puede perder vacas, partidos, sets enteros… y no concebir ni reconocer la derrota –“No me jodas Kikoso, me cagüen to…” y yo vuelvo a sacar y/o barajar de nuevo, sin gota de esperanza en la próxima victoria–.

Así se las gasta el punto.

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El podio bizarro: botijo de bronce

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Es un poeta ripioso que fabrica rimas a la velocidad de su veícolo longo. Coincido con él en nuestros inhóspitos veranos alcarreños, estíos bizarros que doran el alma y maceran el hígado, o maceraban –cualquier tiempo pasado no lo recuerdo–.
El I Gran Campeonato de Alcocer de Karting, nació en Agosto bajo un sol de justicia que caía de plano, sobre el bizarro circuito de Cabanillas del Campo, al ladico de Guadalajara.
Nace el calificativo de sus interminables 13 vueltas 13, unas cerradas y otras muy cerradas, obra de alguien tan bizarro para no sentir, como la tonta lógica ordena, aprecio por las costillas de sus clientes (la centrífuga hace que asiento y costillar se aproximen como sólo lo hacen los amantes apasionados, huyendo por celos la carne que se interpone entre ambos, lo que ocasiona al piloto un dolor importante durante unas tres semanas). En ese entorno me dijo el limeño, a qué no lo hacemos, y desde ese momento ya estábamos tardando. Don Victor Guindo –no hay uno sin trino en nuestro católico país– consultado dio su consentimiento, que para eso es consultor, y el 25 de Noviembre parimos a la criatura –el padre y el hijo, ya que el espíritu santo se nos había marchado a buenos o mejores aires, no lo recuerdo–.
A Osuli, así se llama no sé si les dije, se debe la bizarra idea de los botijos de oro, plata y bronce, así como la boina de honor a la vuelta rápida. No menos suya es la ocurrencia de dar una tortuga (“la tortuga fisikela que ni corre ni vuela”) al último clasificado.
¡Qué jodío y que arte tiene! Es un bebedor de los buenos, ante merididan, que no cata gota mientras haya sol, lo que le da una aura de vampiro que siempre me ha intrigado. Ya cuando el astro febeo se acuesta, el bizarro, mitad cobre mitad estaño, despliega un sinfín de partituras y ocurrencias sobre la manta de botellas de Dyc y refrescos a
nte las que se arraciman sus huestes, y ahí saca coplillas y chascarrillos que con los años se han ido convirtiendo en la memoria viva de su peña. Eso sí, cada vez mengua más el corrillo, lo que hace más bizarra la juerga, y la manta de bebida ya no llega ni a pañito de sobremesa.
Para terminar, y como muestra de su bizarría tan solo sacaré a la luz una costumbre: los martes de fiestas patronales, se encerraba con los suyos en un cobertizo casi demolido que llaman peña, y ahí daban rienda suelta a una batalla de gapos que les hacía ponerse a todos ellos como recién duchados, al tiempo que, invariablemente, destrozaban el radio-cassete que les había servido para que algunos, no bizarros, echasen unos bailes. Espero me perdonen que cuente esta especie de San Martín tecnológica, y creanme, contarlo no es ni la cuarta parte de haberlos visto salir del chamizo, tan duchaditos, después de la catarsis.


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lunes, 11 de febrero de 2008

Bizarría hispánica o epifenómeno gallardo

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Me llamo Enrique. Soy Botijo de Oro y Boina de Honor a la vuelta rápida del último Gran Premio de Alcocer de Karting. Me ha llevado treinta y ocho años conseguirlo, pero al fin lo he alcanzado… Puedo lucir un trofeo bizarro en mi inexistente vitrina.
Contemplo la bizarría como una tierra prometida, como el exigente paraíso de los Testigos de Jehová, algo más grande que el Nou Camp –¿Qué es eso en comparación con la historia humana? poco más que un club–, al cual están llamados todos aquellos que delinquen contra la Ley de los Grandes Números.
A mi me gustaría comulgar de alguna manera en este espacio, el sentido que tiene bizarro en nuestro idioma (esforzado, y en segunda acepción generoso, lucido, espléndido) con el significado francés e inglés del término (rarísimo, extraño, estrafalario o anormal).
O sea, yo creo que el bizarro es un epifenómeno, una rareza, sí, pero un epifenómeno gallardo (atributos ambos que quedan simbolizados y se materializan en mi botijo de oro, modestia aparte bizarramente hablando). Nótese que bajo este significado el bizarro es algo más que un freak, y que un objeto bizarro es algo más que un objeto kitsch, dado que la sublime cualidad de la bizarría se alcanza por la gallarda actitud que tenga el sujeto u objeto en cuestión. De otro lado, la cualidad de freak o kitsch depende del ojo del observador, mientras que la bizarría es subjetiva y nace de la persona al mundo. Es intencional e incuestionable mientras uno la sienta. Es una inmensa minoría.
El bizarro sin interrupción es consciente de sus limitaciones, pero lejos de ser esto mellas en su vocación, son medallas con las que adorna su traje. Sabe que lucha contra la gran mayoría que despaciosamente empuja, todos a una, en una sola y tozuda dirección, haciendo del rebaño virtud por el sólo hecho de serlo, buscando el refrendo de sus actos en el otro que hace lo mismo (beeeees como te lo decía). En cambio, cada bizarro ha de esculpir en la piedra a risa, llanto y fuego un camino que él sólo surca. Nada de verdes pastos, nada de agua clara, tan sólo la promesa de que quizá (oh! paraíso jehovita) podrá alcanzar algún sitio donde ningún otro haya estado antes.


Y ya está.


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domingo, 10 de febrero de 2008

Fé del Gran Error - o como nació este blog

Tal día como hoy, en una sesión etílico-lógica con mi amigo Botijo de Oro, en la que hablabamos, para más señas de hetersexualidad, homosexualidad y transexualidad, llegamos a la conclusión de que lo que más nos definía como seres, no sé si como personas era el concepto de Bizarros Sin Interrupción.
No sé lo que mi amigo Botijo de Oro puede llegar a interpretar bajo este concepto, pero para mi fue inmediatamente -en mi estado etílico-artístico, todo hay que decirlo- una definición bajo la cual me encuadraba ferpectamente, definiendose de la siguiente manera:
1) Bizarro: definese como aquel ser que no se clasifica o que siente q no se encuadra bajo ninguna de las clasificaciones dadas
2) Sin Interrupción: definese como ese estado en que uno siente que no puede esconderse sean todo los intensos que sean sus deseos de ocultación.
Llegados a ese punto, supongo, la única posibilidad es el exhibicionismo. Pero hasta ahi, no habíamos llegado hasta ahora.